El juego «Delta Force» se ha vuelto popular entre los alumnos de primaria y secundaria. Algunos niños se enganchan e incluso recargan saldo a escondidas usando el dinero de sus padres.
Hoy, durante la clase, un chico de la clase se quedó dormido. Lo desperté y me dijo que anoche estuvo jugando hasta las dos.
¿Otra vez a «comer pollo»?
Hace tiempo que ya no. Ahora todos juegan a «Delta». En el recreo hablan de ese juego, y hasta llevan como foto de perfil al ratoncito del juego; los compañeros que no juegan no pueden ni participar en la conversación.
¿Qué tiene de especial ese juego?
Entras a buscar objetos y, si los encuentras, puedes sacarlos. Puedes guardarlos o cambiarlos por dinero del juego. Cada vez que abres una caja no sabes qué va a salir; es como abrir una caja sorpresa, así que siempre te entran ganas de echar otra partida.
¿No es eso casi como apostar? No me extraña que no puedan parar. Entonces que los padres les quiten el teléfono.
No es tan fácil. Muchos niños usan precisamente el teléfono y la cuenta de sus padres. El juego cree que quien juega es un adulto y tampoco bloquea los pagos. Un niño de diez años recargó a escondidas varias decenas de miles de yuanes; ahora es difícil incluso conseguir que le devuelvan el dinero, porque la plataforma dice que no puede demostrar que fue el niño quien hizo la recarga.
Entonces hay que empezar por los padres. Avísalo en el grupo de padres: al menos que cambien la contraseña de pago y no dejen que los niños la sepan.
Vale, lo enviaré esta noche. Lo que me preocupa es que algunos padres todavía no sepan a qué juegan sus hijos todos los días.
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